DIOS Y SOCIEDAD
¿Te da envidia que yo sea generoso?
Una pregunta que Dios nos hace a cada uno de nosotros
Cuando Jesús contaba sus historias o parábolas, en muchas de ellas hablaba de lo que más le gustaba: “El reino de Dios se parece a... El reino de Dios es como...”. Y es que él quería, como lo quiere hoy, que nuestra sociedad, que nuestro mundo, tome partido por ser ese reino de Dios. Él quiere que aceptemos que este reino no es una entidad monárquica entre las nubes del firmamento, sino un salto de fe hecho por todos sin excepción, un salto de amor a Dios y a los hermanos, un reino que puede ser tangible, aquí en nuestro mundo.
Pareciera que Jesús, en sus parábolas acerca del reino de Dios, nos dijera a todos: “mira, te presento una opción de lo que puede ser la sociedad, de lo que puede ser tu propia vida, cuando comprendes y aceptas la voluntad de mi Padre”.
Incluso las historias de Jesús se identifican plenamente con nuestra actualidad, no son extrañas a lo que vivimos. Veamos un ejemplo: la parábola de los trabajadores (Mt 20.1-16) ¿Qué pasa aquí? El dueño de una finca (ubicada en Cafarnaum, La Dorada, Corozal o Toribío, estos últimos municipios de nuestra Colombia) salió muy de mañana a contratar trabajadores para su viñedo ¿O su platanal, su cañaveral o su cultivo de papa? ¡Bueno! El caso es que acordó con algunos que encontró para pagarles el jornal de un día, y los envió a su viñedo. Nueve de la mañana: vuelve a salir y encuentra en la plaza del pueblo a algunos, desocupados, probablemente aburridos. Y les dice algo que hay que subrayar: VAYAN USTEDES A TRABAJAR A MI VIÑEDO, Y LES DARÉ LO QUE SEA JUSTO. Ellos fueron. El trabajo seguramente se puso más duro, pues al mediodía volvió a salir el dueño, y otra vez a las tres de la tarde, e hizo la mismo.
Por fin, a las cinco de la tarde vuelve a la plaza, lugar de encuentro de todos los pueblos, y todavía puede encontrar a más desocupados. Al preguntarles por qué estaban allí todo el día sin trabajar, recibe otra respuesta a subrayar: PORQUE NADIE NOS HA CONTRATADO. Palabras que suenan a pesimismo. Seguramente estos estaban no solamente aburridos, como los de las nueve de la mañana. Quizás también pensaban que era terrible ver que se había pasado un día, y no habían hecho nada. Quizás estaban allí, con el corazón hecho pedazos, sin haber podido conseguir el pan para ellos ni para sus hijos. Por eso, es posible pensar que ante la invitación del dueño, responden con mayor energía y alegría que quienes aceptaron el contrato en otras horas.
Llega la noche, y el dueño le dice a su capataz, al encargado del trabajo: “llama a los trabajadores, y págales comenzando por los últimos que entraron y terminando por los que entraron primero”. A los de las cinco de la tarde les dieron el jornal completo de un día. A los otros, que pensaban que les iban a dar más por llevar más tiempo trabajando, igualmente recibieron el jornal de un día. Ahí fue Troya: “comenzaron a murmurar contra el dueño, diciendo: estos, que llegaron al final, trabajaron solamente una hora, y usted les ha pagado igual que a nosotros, que hemos aguantado el trabajo y el calor de todo el día”.
El dueño simplemente responde: No les he hecho injusticia ¿No quedamos en que les pagaría el jornal de un día? Ustedes aceptaron el contrato, yo también y cumplo mi parte pues ustedes cumplieron. Y ojo a esta perla: “si yo quiero darle a éste que entró a trabajar al final lo mismo que te doy a ti, es porque tengo el derecho a hacer lo que quiera con mi dinero ¿O ES QUE TE DA ENVIDIA QUE YO SEA BONDADOSO?.
Jesús, cerrando con broche de oro la historia, dice: "DE MODO QUE LOS QUE AHORA SON LOS ÚLTIMOS, SERÁN LOS PRIMEROS; Y LOS QUE AHORA SON LOS PRIMEROS, SERÁN LOS ÚLTIMOS”.
¡Cuidado! Jesús no quiere decir que en el reino de Dios hay primeros o últimos: todos seremos iguales ante los ojos de Dios. Lo que quiere decir es que, hoy como ayer, hay un afán desmedido por ser primeros, por recibir más porque empezamos una obra o porque creemos que tenemos el privilegio de ser líderes, porque llegamos primero al viñedo ¿Alguna semejanza con ciertos casos de nuestra Iglesia Católica? Nuestra sociedad es también ciega, sorda y muda frente a los tiempos que vivimos. Y no se reconocen las oportunidades que Dios, a través de personas de bien, ofrece a sus hijos sin trabajo, sin amor, sin esperanza. Estos son aquellos a quienes nadie contrata, nadie tiene en cuenta para nada. Estos, que llegaron de último, a quienes muchas veces despreciamos, quizás llegan con más ganas, con más ansias, ante los pies de Dios. Y reciben lo mismo que aquellos que llevan diez, veinte años, toda su vida, en servicio. ¡Cuidado! No envidiemos la generosidad de los demás, que de por sí es la generosidad, la justicia, de Dios.
Y esto sucede en nuestra sociedad ¿Tú qué piensas?